Después de un largo período bajo la intensa atención de Hollywood, Anderson tomó una decisión consciente y firme. Eligió alejarse de las presiones y expectativas, buscando un camino diferente que valorara la autenticidad por encima de todo. En lugar de ceder a las demandas de la industria, optó por abrazar la sencillez como un principio rector en su vida y en su trabajo. Esta búsqueda la llevó hacia una mayor naturalidad, permitiéndole expresarse de una manera más genuina y sin artificios, rechazando la artificialidad que a menudo caracteriza al mundo del espectáculo.