En el año 1952, dentro de las prácticas habituales y el entrenamiento constante que recibían los pilotos del 142° Escuadrón de Interceptores de Caza, el teniente William L. Patterson se encontraba en las inmediaciones de la pista de despegue, manteniendo la máxima disposición para elevarse en vuelo de manera inmediata. Su misión principal era estar alerta ante la remota, aunque siempre latente, posibilidad de una incursión de bombarderos soviéticos que pudieran aproximarse a través del Atlántico medio.
En ese contexto de vigilancia y preparación continua, Patterson recibió una orden inesperada y de suma importancia: debía interceptar una serie de objetos no identificados que estaban sobrevolando dos de los edificios más emblemáticos y protegidos del país, la Casa Blanca y el Pentágono. Los sistemas de radar del Aeropuerto Nacional de Washington, encargado de la seguridad del espacio aéreo de la capital, y de la Base Aérea Andrews, crucial para la defensa del país, habían detectado la presencia de múltiples objetivos no identificados que estaban desafiando las restricciones impuestas sobre el espacio aéreo de la zona. Estos objetos voladores, cuya naturaleza era desconocida, representaban una clara violación de las normas de seguridad y una potencial amenaza para la integridad de las instituciones gubernamentales.
Internacionales
En 1952, cazas persiguieron OVNIs sobre Washington; un misterio que persiste más de 70 años después.
La noche era cálida y húmeda en la Base Aérea de New Castle, Delaware, un calor que se adhería a los cazas en alerta alineados en la pista.
Lunes, 29 de diciembre de 2025