La emergencia dejó además decenas de víctimas fatales y generó preocupación en toda Europa. En respuesta, Francia e Italia reforzaron sus controles fronterizos y elevaron las medidas de vigilancia ante un posible incremento de los movimientos migratorios.

La crisis reabrió el debate sobre la gestión de las fronteras exteriores de la Unión Europea y la necesidad de coordinar políticas comunes para enfrentar los flujos migratorios en el Mediterráneo.

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