La sed de venganza consumía a Marcos por dentro, llevándolo a ejecutar un plan que estremecería a todo Frutal. Movido por el dolor y la rabia ante la pérdida irreparable de su madre, Marcos se propuso hacer justicia por mano propia. Su objetivo era Rafael, el hombre que le había arrebatado a su progenitora, el asesino que debía pagar por su crimen. Con determinación implacable, Marcos rastreó a Rafael, siguiéndole sigilosamente hasta encontrar el momento oportuno. Sin darle oportunidad de defenderse, Marcos atacó por la espalda, cegado por el deseo de vengar la muerte de su madre, ultimando a Rafael y dejando una huella imborrable de violencia en Frutal.