El moderno estadio de la Universidad Católica se distingue por una característica muy particular: su campo de juego. Este campo no es uno convencional, sino que presenta una innovación significativa que altera las condiciones normales en las que se desarrolla un partido de fútbol. La modificación introducida en el terreno de juego tiene un impacto directo en la dinámica del encuentro, influyendo en el rendimiento de los jugadores y en las estrategias empleadas por los equipos. De esta manera, el estadio ofrece una experiencia futbolística diferente, donde el campo de juego se convierte en un elemento clave que redefine la práctica de este deporte.