Después del incidente en el que la embajada de los Estados Unidos en Arabia Saudita fue blanco de un ataque perpetrado con drones, el jefe de Estado emitió una severa advertencia, resaltando la fortaleza militar de su nación. El mandatario enfatizó que la capacidad armamentística de su país "nunca antes había alcanzado un nivel tan elevado", subrayando así su poderío bélico actual. En un tono amenazante, el líder advirtió a sus adversarios, señalando que "ni siquiera hemos comenzado a infligirles un castigo severo", dejando entrever la magnitud de una posible respuesta. Asimismo, anticipó una escalada en el conflicto, al declarar que "lo verdaderamente grande está aún por venir", insinuando que las acciones futuras serán de una escala mucho mayor y más contundente.