Después de que se le concediera la libertad ambulatoria bajo la condición de utilizar una tobillera electrónica de seguimiento, Agostina Páez viajó a la ciudad de Río de Janeiro. Allí, tuvo un emotivo reencuentro con su padre y su hermana, quienes la recibieron con alivio y cariño. Sin embargo, a pesar de la alegría de estar nuevamente con sus seres queridos, Agostina Páez expresó una profunda preocupación y un gran temor por su seguridad personal. Esta inquietud se debe a las amenazas constantes y persistentes que ha estado recibiendo, las cuales han generado en ella un estado de alerta permanente y una sensación de vulnerabilidad frente a posibles represalias o ataques. Estas amenazas, cuyo origen no se especifica, han afectado significativamente su bienestar emocional y psicológico, generando un impacto negativo en su vida diaria.