Para Felicitas Lauría, una joven cordobesa de tan solo 22 años, el sueño americano que tanto anhelaba se transformó abruptamente en una verdadera pesadilla. El pasado 25 de noviembre, lo que prometía ser un día crucial en su camino hacia la residencia permanente en Estados Unidos se convirtió en una pesada carga de incertidumbre y angustia. Felicitas había llegado a la oficina de inmigración de San Diego, California, con la esperanza de completar el último paso en su proceso: la entrevista matrimonial con su esposo, un ciudadano estadounidense. Esta entrevista representaba la culminación de un largo camino y la promesa de un futuro estable en el país norteamericano. Sin embargo, la realidad superó con creces sus peores temores. Inesperadamente, justo después de presentarse a la entrevista matrimonial que debía allanar el camino para obtener su residencia permanente, Felicitas fue detenida por las autoridades de inmigración. La joven no podía creer lo que estaba sucediendo, sintiéndose completamente desorientada y vulnerable. Tras su detención, Felicitas fue encarcelada, enfrentando días de gran sufrimiento y humillación. Durante su tiempo en prisión, la joven argentina fue sometida a condiciones severas, incluyendo el uso constante de grilletes en los tobillos y cadenas que ataban sus muñecas a su cintura, limitando drásticamente su movilidad y aumentando su sensación de desesperación.